Todo requiere de su trabajo

“La mejor recompensa esta en aquello que más esfuerzo nos cuesta.”

(Shlomo  Breznitz)

 

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En nuestras vidas llega un momento en el que nos preguntamos si realmente lo que estamos haciendo es lo que realmente queremos hacer. Es aquello que quisimos desde siempre hacer, o, incluso, aquello que soñamos que haríamos algún día. Llega un momento en que decimos: – Ya está. Hasta aquí he llegado. Pase lo que pase estoy decidido ha hacerlo. A por todas. Y aún y así llega el domingo por la tarde y nos encontramos sentados delante de la televisión, viendo una película “tostón” y sin sentido alguno en un canal de televisión basura; cambiando de canal por inercia y sin poner atención a lo que aparece en la pantalla, ya que todo es lo mismo. Nos sumergimos en un mar  de hastío y  decimos para nuestros adentros: – De mañana no pasa. ¡Ja!. Y el mañana llega y seguimos defecando en nuestro propio cerebro.

Pasamos los días abriendo nuestro ordenador, iPad, teléfono móvil y leyendo y releyendo esos fantásticos e inspiradores mensajes de personas, en su mayoría, que actúan como nosotros. Somos los vivos ejemplos de la frase “mucho ruido y pocas nueces”. Pensamos, decimos, compartimos y nunca, nunca actuamos. No ponemos en práctica ni una sola de las sentencias que nos llega a través de las redes sociales. (Hay quien si pone en práctica alguna; quizá la más sencilla de realizar, la que no le resulta excesivo esfuerzo, y los hay que se atreven con aquello de,… “Esto ya lo sabía”, o, “Yo ya lo hago”). Eso sí, hacemos clic en  el famoso “like”, ponemos el pulgar hacia arriba, compartimos con nuestras “amistades” e, incluso, nos atrevemos a comentar sobre aquello en lo que alguien pensó hace más de dos mil años. Pero, …, ¡NO NOS MOVEMOS!.

Pretendemos que todo cambie sin hacer nada. Nos dejamos envolver por una especie de burbuja de  placebo, una especie de loción formada por todos aquellos pensamientos positivos que engañan nuestros verdaderos sentimientos y no nos dejan expresar lo que verdaderamente pensamos.  ¿Qué necesitamos realmente para ACTUAR?, ¿Para movernos?, ¿para realizar aquello que anhelamos?, en definitiva, para actuar de la forma adecuada y  en el momento adecuado de tal índole que aquello que lo  hacemos nos lleve a la consecución de lo que nos hemos propuesto.

¿Por qué no nos movemos? y cuando digo “movemos”, evidentemente, no me estoy refiriendo a saltar, bailar o twistear al son de la música que nos agrade. No. Cuando digo “movemos”, me refiero al hecho de saltar de donde estemos dirigirnos al lugar en donde está lo que necesitamos para la consecución de lo que deseamos, y empezamos a TRABAJAR en ello. Sí TRABAJAR, y lo repito en mayúsculas. Porque hay que trabajar, siempre hay que trabajar. Si realmente lo piensas siempre tenemos que trabajar. Trabajar para ganar dinero, trabajar para ir a la compra, trabajar para preparar nuestra comida, trabajar para preparar nuestras vacaciones, en las que seguimos trabajando, incluso trabajamos para asearnos. Toda nuestra vida es trabajo. Entonces si desde que nacemos estamos haciendo esfuerzos y trabajamos duro para conseguir lo que queremos. ¿Qué es lo que nos asusta en estos momentos de nuestra vida?, ¿Por qué no actuamos como actuábamos cuando éramos inocentes infantes y estábamos aprendiendo a caminar?

Tras muchas caídas (FRACASOS) y con una inquebrantable fuerza de voluntad (PERSISTENCIA), un infante  aprenderá a estabilizar la marcha. Para ello, juntará las piernas cada vez más, colocará los pies en paralelo y dará pasitos más cortos. (Descubre aquello que necesita, descubre su técnica en función de los resultados que ha obtenido hasta el momento). Al mismo tiempo, utilizará los brazos para guardar el equilibrio.

Un bebé está listo para caminar cuando se pone de pie por sí mismo  (ACTÚA)  y empieza a dar espontáneamente sus primeros pasos, aún tambaleantes, buscando apoyo en los muebles o la pared (BUSCA Y ACEPTA AYUDA SI LA NECESITA). Normalmente, su intención (TIENE UN OBJETIVO REALISTA, CONSEGUIBLE)  es acercarse a la madre o a sus objetos más queridos.

 ¿Cuántos de nosotros nos atrevemos a lanzarnos a la peligrosa aventura que consiste en conocernos a nosotros mismos? A, no sólo descubrir, si no también aceptar cuáles son nuestras flaquezas, nuestros puntos débiles, para poder desarrollarlos en la medida necesaria, y cuáles nuestros puntos fuertes, para optimizarlos de la forma correcta?.  Aquellos que dicen que se conocen a sí mismos, ¿dicen la verdad?, o es una verdad fabricada a su antojo para encontrarse cómodos con las situaciones que viven y no enfrentarse a sus temores escondidos en lo más profundo de su ser. Para permanecer en su Zona de Confort y no dar el paso que les llevara a la Zona del temor.

Al igual que los bebés debemos ponernos en marcha, debemos levantarnos, salir de nuestra zona de confort, y “caernos”, si, “caernos” para volver a levantarnos y volverlo a intentar (sin perder de vista el realismo que sea necesario tener), descubrir en base a cuales son nuestros puntos débiles y desarrollarlos, y nuestros puntos fuertes y optimizarlos, seguir persistiendo, siempre teniendo en mente aquello que pretendemos conseguir. Buscar la ayuda que sea necesaria, entenderla y aceptarla, actuando en consecuencia. No perder de vista nuestro objetivo final, y si es necesario, dividirlo en objetivos más pequeños y más fácil de conseguir que nos lleven al deseado objetivo final.  Poco a poco y con la seguridad que nos dará el hecho de saber que, al final, conseguiremos lo que nos hemos propuesto.

Micahel Phelps es el plusmarquista mundial en piscina larga de los 100 y 200 metros mariposa, y los 400 metros de pico estilos, como también ex plusmarquista mundial de los 200 metros libre y combinado. Ganó un total de 71 medallas en las grandes competiciones mundiales en piscina larga: 57 oros, 11 platas y 3 bronces, en lo que incluye Juegos Olímpicos, Campeonatos Mundiales y el Campeonato Pan-Pacífico.

Michael entrenaba seis horas al día, seis días a la semana. Iniciaba su rutina de estiramiento todos los días,  seguido de entrenamiento de resistencia tres veces por semana una hora. Una buena parte de su éxito se centra en su resistencia muscular, flexibilidad y mejorar su flotabilidad en el agua, aderezado con ejercicios intensos  como el helicóptero de madera diagonal y el picador de madera recta, que ayudó a desarrollar fuerza y poder en Michael..

Michael también trabajaba duramente la sincronización y técnica para nadar. Su entrenamiento en la piscina era equivalente a aproximadamente ocho kilómetros de distancia.. Luego continuaba con su rutina cardiovascular.

Sacrificio,  dieta y ejercicio. No es más extraordinario que el resultado de esa combinación. El éxito de Phelps radica en el establecimiento de un objetivo, la creación de un plan de acción, seguimiento exhaustivo del mismo, corrección, seguir intentándolo, establecimiento de metas conseguibles día a día, semana a semana, que le van acercando poco a poco a su meta final; trabajo duro, perseverancia, consistencia de sus pensamientos y acciones, y el no perder de vista en ningún momento el objetivo que se ha propuesto alcanzar.

Salir continuamente de su zona de confort para lanzarse al vacío de la zona del miedo que le proporcionará nuevas experiencias de las que aprenderá y cuya experiencia le llevaran a mejorar a cada paso hasta llegar a final.

Con esto no quiero decir que nos tenemos que convertir todos en campeones olímpicos. Hay que ser realista. No podemos desear o plantearnos objetivos imposibles. Objetivos para los que no tenemos cualidades. Porque esa triste realidad existe. No podemos intentar batir marcas de atletas de 19 años de edad a los 50 o 60. Es evidente, ¿verdad?

No podemos triunfar en el mundo de la canción si no tenemos el registro, la voz, la capacidad necesaria. ¿No es cierto?. Ni tan siquiera podemos adelgazar 20 kilos en una semana por mucho que nos lo propongamos.

Todo requiere de su trabajo, de su inversión de tiempo y esfuerzo. Las recompensas no son gratis, los premios tampoco. Conseguir aquello que nos proponemos no es una lotería que te va a tocar por comprar un boleto. Es más, ni siquiera la lotería viene a ti sin moverte, sin ir a comprar ese boleto, ya sea de una forma o de otra has de moverte para conseguir tu participación, y como no te muevas rápido y sepas a donde ir, te puedes quedar sin décimo de participación. ¿No es así?

“La diferencia entre un deportista de alta competición y una persona normal radica en la concentración y en la fuerza de voluntad, en la capacidad de mantener el rumbo hacia tu destino con el esfuerzo necesario hasta conseguir el objetivo. No existe satisfacción mayor que lograr el triunfo en aquello que te has empeñado. Cumplir contigo mismo, sentir que puedes alcanzar todo aquello que te propongas.”

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